Es como la antesala de algo maravilloso.
Después de haber esperado tanto tiempo, llegó. Llegó con todo lo que había pedido, justo cuando, justo cómo y justo dónde.
He de mencionar, que, al parecer, fue una espera mutua.
Decidimos entonces que, iriamos a paso lento. Conociéndonos y reconociendonos. Dandole tiempo al tiempo...
Ahora, pasadas algunas semanas, preferiría marcharme para no marchitarme. Eso porque de pronto no entiendo o lo sobre entiendo todo.
Todavía no distingo entre los límites del tiempo y del espacio. Todavía no distingo lo normal de lo anormal cuando de pocas palabras hablamos. Cuando después de sabernos diario, a toda hora, nos empezamos a saber menos y recordar otro poco menos. ¿O tal vez todo se queda en los límites propios?
Tal vez mientras más lento el pasó tratamos que fuera, más rápido fuimos.
O tal vez, solo estoy equivocandome otra vez, mientras nada pasa.