miércoles, 19 de diciembre de 2012

Que miedo llegar a los 20 años y no ser textualmente activo.

No tergiversen el mensaje. 
¿No te da miedo llegar a los 20 años y ser textualmente inactivo? Si no te da miedo, es explícito el por qué.

Dentro de muy poquito (¡mañana!) cumpliré 19 años. Cabe mencionar que eso de hacer propósitos de año nuevo no se me da, no me gusta. Sin embargo, antenoche estaba recordando todo lo que me he llegado a proponer de manera espontánea y que por falta de voluntad, o no sé de qué, no he podido lograr. Entre taaaantos ''propósitos'' está el de leer. Si, así, leer a secas. Nada de ''leer más'' o ''leer cosas más interesantes y útiles''. Durante los últimos 14 años de mi vida, lo más que he llegado a leer en serio son 7 libros, otros cuantos los he dejado inconclusos.
De esos 7 libros, 2 han sido de la dichosa ''filosofía barata''. Cuál ha sido mi sorpresa, que a pesar de ser de ese tipo de lectura me sentí bastante bien. Y no exactamente por su contenido, sino por lo que pasó después. Leer no es solamente saber que unir una letra con otra forma una sílaba o que la unión de varias sílabas forman una palabra. Para nada. Leer va más allá de eso, es saber que esas letras y esas sílabas forman algo que tiene un gran peso, un gran impacto. Algo que tiene un gran significado, que incluso una letra por más sola que se vea, tiene sentido. Leer fortalece la imaginación, la capacidad de comprender no solo lo que leemos, sino que también, lo que nos rodea; fortalece la capacidad de análisis.

  
¿Qué estoy esperando? 


Al principio hice mención de mi edad porque, al menos en mi caso, el número 19 aún no adquiere un peso significativo. En cambio, el número 20 si. Pensar en llegar a los 20 ha logrado despertarme de una manera estrepitosa. ¡Que miedo llegar a los 20 y seguir siendo textualmente inactiva! ¡Que miedo llegar a los 20 y  permitir que la flojera y la irresponsabilidad se apoderen de mis días! Porque a veces me siento como una partícula que espera ser impulsada por algo, como una particula posada en la mano de alguien que decide aventarme con un golpe de los dedos de su otra mano.  
Algo así siento, pero pues no. Además, esa es otra historia.


Actívateme dije.


 
 
 


domingo, 16 de diciembre de 2012

sábado, 8 de diciembre de 2012

Episòdico.

El grupo dominante podrá estar blindado contra artillería pesada o ligera, pero no contra una sociedad cultivada que conozca sus derechos y reconozca sus obligaciones. Opiné en facebook.
Si bien hace falta derrocar al grupo dominante, también hace falta cultivar al grupo oprimido y fortalecer al coexistente grupo de resistencia para lograrlo. ¿Para qué enseñarle a hacer trincheras y bombas molotov? los dominantes tienen a su al rededor todo el blindaje que puedas imaginar, las bombas no les harán nada, salvo al blindaje humano del que disponen, que están ahí más por la necesidad y obligación que por la vocación de defender a alguien que le mira por debajo de los hombros. Realmente es eso lo que el grupo en el poder quiere que suceda. Que sin querer o queriendo poco, los integrantes del grupo oprimido/de resistencia se peleen entre ellos mientras intentan dominarlos por debajo de la tierra. 
 

miércoles, 24 de octubre de 2012

Esas fiestas.

Tengo ganas de ir a una de esas fiestas que organizaba mi familia paterna. Esas fiestas motivadas por los XV años de alguna prima, el bautizo del bebé de la tía que se embarazó bien joven o por la boda de alguien.
 Esas fiestas que se hacían en un salón, que empezaban a las 8:00 p.m. y que apestaban a humo de cigarro y a alcohol. Que sabían a mole con pollo, a refresco de limón y a pastel. Que sonaban a salsa, a merengue, a vals o a payaso de rodeo. Viborita de la mar, de la mar, dependiendo de la ocasión. Esas fiestas llenas de niños chiquitos que corren por todo el salón como animales en pleno campo, tronando globos. Típicos globos azules, rosas, blancos, amarrados en un hilo, adornando el perímetro del salón. Las mesas cubiertas por manteles semi blancos, percudidos, porque son rentados y quienes los rentaron primero los llenaron de salsa roja, verde, de pastel, de mole, de refresco. Sillas plegables, color negro, con el logotipo de la cervecera patrocinadora. ¡Los recuerditos que odiamos tanto en casa! Si, esos servilleteros con encaje y con la leyenda a penas legible: Mis XV años. Mi bautizo. Mi primera comunión. Los saleritos, las muñequitas de porcelana, los ''pomos''.
La tía que se lleva como mil bolsas llenas de todo eso. Además del ''itacate'' para los familiares que no pudieron asistir. O los huesitos de pollo para el perro. O el gato.
Fiestas que terminaban a las 3:00 a.m. y que propiciaban tu regreso a casa en taxi. Muriendote de sueño ya. Con dolor de piernas por tanto bailar, con un zumbido en los oidos por el volumen altísimo al que estaba la música. Con una panza enorme por tragar tanto pastel. Regresar a casa con la bolsita de dulces si era una fiesta infantil o con la morralla, que te ganaste en el volado del bautizo, en la bolsa del pantalon o del vestido.
Unas semanas después, ver el vídeo o las fotos de la misa y de la fiesta. Carcajearte un poco porque el festejado se tropezó en el altar de la iglesia o que si lo aventaron a la hora de morder el pastel y lloró. Poquito, pero lloró. 

Esas fiestas, dónde la familia convivía. A su manera, pero lo hacía. Y lo sigue haciendo, pero sin nosotros. O nosotros sin ellos. Era bonito.

martes, 23 de octubre de 2012

Bolita de papel.

Para nada quiero parecer dramática, pero se me da muy bien. Un drama barato, pero drama al fin.
Y bien, aparentemente puedo hacer como que nada pasó y que todo está bien. Realmente lo está.
¿Por qué habrían de estar mal las cosas? Es que ¡carajo! siento que ''nada más no puedo ver la mía''.
De un tiempo para acá nada me tiene satisfecha.
Mi recámara está hecha, de vez en cuando, un desmadre. Y mi vida también.
Una que otra cosa fuera de su lugar, a medias. Sitio propicio para el desquicie total. En serio.
Que si hace frío, que si hace calor. Que si quiero ir a la escuela, que si no. Que se me hace tarde para ir a la escuela y prometo que no volverá a pasar. Que quiero gastar exactamente 51 pesos a la semana para ahorrar los 49 que me sobran del presupuesto semanal, pero a la más mínima tentación chocolatera, fritanguera y papitera me gasto lo que no y termino sin dinero y sin ilusiones. Que si ya no hay libros en la biblioteca que me urge leer. Que es lunes, martes o viernes. Que pretendo despertarme temprano todos los días y pasa todo lo contrario. Que duermo hasta tarde para amanecer con una tremenda cefalea, o una tremenda lumbalgia. Amanecer sin hambre de nada. De absolutamente nada. Pero... ¿Qué se le va a hacer a todo eso? Quizás escribirlo en tinta azul,  sobre una hojita de papel cuadriculado, después hacerla bolita y proceder a aventarla por la ventana. Aventarla y que le caiga a alguien en el ojo derecho y que le deje un moretón. Enterarte del suceso y soltar una sonora carcajada. Jajajear tantito. Disculparse otro tantito y prometer que la próxima vez no aventarás una bolita de papel llena de todos tus lamentos. La próxima vez aventarás un cuaderno y se le clavará a alguien en el cachete el espiral. Volver a pedir tantitas disculpas y prometer que  la próxima ocasión no aventarás ni una bolita de papel llena de lamentos y mucho menos el cuaderno entero. Ahora si no aventarás nada. Y así que chiste tiene la vida.





miércoles, 19 de septiembre de 2012

Entre dramas y cosas simples.

A la altura de nosédónde en mi cerebro, tengo estancado  un relato.
Siempre si, siempre no. Ante una acción carente de impulsos, de motivaciones... a la mera hora me arrepiento de lo que planeo hacer.
No quería caer en dramatismos, tampoco en simplicidades.
Es ahora o nunca. Agrego un intento  y resto un hubiera o al revés. No sé qué hacer. No sé para qué.
Aunque tal vez si sé para qué, pero no lo quiero aceptar. Estoy yendo encontra de mi naturaleza quizás. Me autoengaño, un poco... o mucho.
Temerosa frente a los actos precipitados, fobia de actos tardíos. ¿Qué hacer? No quiero ser yo, pero tú no lo serás. Lo sé.

¡Efímera y simple historia! No entiendo el punto más alto de ésta discusión interna.

Tú, yo, mi otra pseudo-yo... nadie.



viernes, 6 de enero de 2012

Autoretrato

Tan complicado puede llegar a ser el realizar un autorretrato. Bueno, al menos para mi lo fue.
Cursar la asignatura de expresión gráfica implicó que un autorretrato fuera mi evaluación final.
Alguna vez, en la TV escuché que un autorretrato es el trabajo más complejo que un artista
puede hacer. Caray... ¡pero si yo ni artista soy! ¿Imaginas el trabajo que me costó?
Se dice que es un ejercicio difícil porque requiere de conocerse a si mismo lo mayormente posible para lograr
los resultados queridos. Intentar lo anterior parece fácil cuando no se piensa en la ''subjetividad''.
¿Qué tan objetivamente te miras a ti mismo? ¿Alguna vez has pensado que eres de una manera pero sucede
algo y te das cuenta de que, realmente no eras así? Pues eso mismo es lo que se suele reflejar en un autorretrato si es que no te conoces lo suficiente. Algunos autorretratos ¿Por qué no se parecen a su autor?
Por el hecho de que se plasmaron en él de una manera subjetiva, es decir, ignorando todo aquello que forma parte de ellos mismos o bien, aumentando cosas que no tienen. Al mirarte de manera objetiva, captas todo lo que hay en ti: defectos, virtudes, colores, tonos, tamaños... y si de realizar un autorretrato se trata, debes no solo captarlos, sino aceptarlos y no intentar modificarlos, y después de eso plasmarlos en el material que vayas a hacerlo.  

Aquí mi trabajo ;)

Sinceramente... ¡no me parezco!
Además de haberme mirado de manera subjetiva, me hace falta mucha práctica.

Tecnica: dibujo a lápiz.