domingo, 9 de febrero de 2014

Sin afan de convertir los ''nunca'' en ''siempre'' a propósito, me atrevo a decir que nunca nos encontraremos nuevamente.
De un día a otro, todo se tornó de cálido a frío. Ya no había días favoritos ni horas antecedidas por semanas de espera. Primero ya no hubo perfume, después ya no existieron los abrazos. Finalmente, aunque nuestras miradas se cruzaran, aunque nuestros cuerpos pasaran uno al lado del otro, nos dejamos de ver.
Nuestro sino era el de encontrarnos, permanecer un rato y nada más. No dudo que estuvimos el tiempo justo, el necesario para conocernos poco y desconocernos otro tanto. Es obvio que te echo de menos, pero confío en que el tiempo hará de las suyas para parecerme a ti, para que ya no me importes, para que ya no quiera buscarte.

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